Post / Post Copenhagen


Hace aproximadamente un mes todos nos lamentábamos  de los outcomes de la COP 15 en Copenhagen y la oportunidad perdida para conseguir un acuerdo jutos, ambicioso y vinculante sobre el Cambio Climático. Unos decían que la culpa del fracaso de las negociaciones era de los países desarrollados, otros que eran los países en desarrollo quiénes no habían cedido en sus “pretensiones”, que si era el bloque “bolivariano” quién había dinamitado las negociaciones, etc. pero en casi todas las ecuaciones del fracaso (y desde un punto de vista Occidental) se tildaba la posición de la China como la causa principal del fracaso.

El hecho es que la actitud de los países desarrollados en las negociaciones del clima, y en general en todas las de tipo multilateral, deja mucho que desear eludiendo sus responsabilidades y minimizando sus capacidades en la búsqueda del bien común, y lo que es más importante, no quierendo darse cuenta de que un nuevo mundo está madurando y su rol no es el que era. Quizás, y digo quizás, fue la UE el único bloque de los países ricos que dió cierta muestra de entereza y de valentía ante el reto del cambio climático y, yendo más allá, ante los retos que el actual mundo nos va a ir presentando en un futuro no muy lejano. El fracaso es el que es, y el Protocolo de Kyoto expira en el 2012, con lo que aún tenemos cierto margen, pero las negociaciones en Copenhagen encierran otro tema de más profundidad e importancia para el futuro: un nuevo mundo se ha configurado, y se reflejó en la actitud de la diplomacia China.

Allá por el verano del 2007 tuve la suerte de asistir al Summer School que el Institut de Barcelona d’Estudis Internacionals celebra cada año. El curso al cual asistí fue el que impartía el profesor de Princeton y de la Woodrow Wilson School, G. John Ikenberry. El título era International Security and Global Order after the Cold War. Por la procedencia del profesor es fácil deducir su apego a la doctrina liberal, característica de la política exterior de los EUA, pero las reflexiones que surgieron en el transcurso de esa calurosa semana de julio trascienden cualquier ideología. En concreto pienso en la última sesión, cuando los allí presentes le preguntamos que nos comentase su impresión del futuro y como veía él el rol de China en el mundo. Su respuesta fue clara. Nos comentó que para él exisitía únicamente dos posibilidades: aislar a China en el mundo; o ayudarla a integrarse en el mundo y en las organizaciones internacionales ya existentes. La respuesta, obviaba el posible debilitamiento de las estructuras occidentales, así como el papel de la China en base a sus intereses y su propia concepción de su poder en el mundo, pero daba muestra clara de qué dos direcciones podía tomar el mundo. Ahora estas dos direcciones han convergido de manera clara en Copenhagen. La posición de firmeza de la diplomacia China (y de los países en desarrollo) en las negociaciones en Copenhagen sirve para que podamos establecer un mapa claro de cómo podrían desarrollarse futuros acontecimientos a escala global.

En 1978 Den Xiaoping abandonaba la rigidez comunista para empezar una abertura económico/comercial que, a pesar de algún retroceso como las sanciones impuestas tras los sucesos de la Plaza de Tiananmen en 1989, ha llevado a uno de los gigantes asiáticos a un crecimiento económico sin parangón en la historia y que ha fortalecido su posición y ampliado su poder, básicamente porque el mundo no es el que era y las estructuras del sistema se resquebrajan a pasos acelerados. El rol de China en el mundo y su poder se ha ido amplificando a pasos acelerados en el siglo XXI, y esto se ha traducido en las negociaciones en las organizaciones internacionales.

Siguiendo la idea de Ikenberry, China ya forma parte del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas desde su creación y con poder de veto. Es a finales del XX y principios del XXI cuando el mundo occidental, y básicamente los EUA se dan cuenta que China debe entrar en el “juego” que Occidente ha establecido si no quiere quedarse aislada del mundo. China, con visión estratègica, acepta entrar en el juego, ya que los beneficios que se desprenden son muchos. El ejemplo más claro es la entrada en la OMC en 2001, que coincide (qué casualidad) con el 11 de septiembre…¡El mismo día se suceden dos hechos históricos!. Al poco de entrar en la OMC ya se producen los primeros problemas por el supuesto “dumping” que los productos manufacturados en China tienen respecto los europeos (crisis de los sujetadores), pero la situación ya es irreversible y la economía china entra de lleno en la globalización económica.

Con el transcurrir de la última década del siglo XX la posición de China se va consolidando y su poder acrecentando a pasos agigantados. A mediados del 2007 se inicia una de las mayores crisis económico-financieras que la humanidad recuerda, y de la cual aún no hemos visto sus consecuencias totales. La posición china, aunque también afectada por la disminución en sus exportaciones y su sed voraz de recursos energéticos, se ve aún más consolidada en especial por la ingente cantidad de dólares que atesora en sus arcas lo cual genera una relación de dependencia con los EUA muy complicada de gestionar.

China está metida de lleno en la mayoría de foros multilaterales “relevantes” del sistema internacional, con lo cual podemos afirmar que la “estrategia” de introducirla en los mecanismos de “gobierno mundial” ha sido un éxito. Pero llegados a este punto, y volviendo a Copenhagen, la diplomacia china y su gobierno empiezan a destapar el tarro de las esencias. El poder de Pekín, y su capacidad para influir en las decisiones de los demás actores en base a sus intereses particulares (definición clásica de poder), va en aumento, y la influencia que en los foros de negociación multilateral ha adquirido sobrepasa culaquier predicción pesimista al respecto por parte de los estrategas occidentales. Esta dicotomía de intereses se refleja en los problemas que hubo en Copenhagen, donde la China (y el G77) son capaces de paralizar las negociaciones, en parte por la falta de autocrítica y análisis de los diplomáticos de los “tradicionales” poderosos. El resultado es que el mundo no se maneja con los “hilos” que anteriormente lo hacían oscilar.

¿Significa eso que nos dirigimos hacia un mundo más inestable? No necesariamente, aunque la historia nos muestra que en las épocas multipolares y de equilibrio de poder los años han sido convulsos y conflictivos. El retorno a la geopolítica clásica es claro, y la importancia del control de recursos como la energía cada vez van a ser más fundamentales. La diferencia con otras épocas es que ya no “conviven” imperios ni estados acostumbrados a lidiar con estas situaciones. Las reglas del juego han cambiado y “sol” sale hoy más que nunca por el Oriente. Pero no es sólo China quién empieza a asomar la cabeza y mover sus fichas. Otros actores estatales como Brasil, Irán, Venezuela o India plantean nuevas preguntas y se cuestionan las inercias que el mundo ha seguido durante los últimos siglos. El saber si esto derivará en una mejora en la gobernanza mundial (ejemplificado en un reforzamiento de la ONU y unas nuevas estructuras de gobierno económico) es la gran cuestión que aparece en la mente se muchos, así como si estos cambios repercutirán en las vidas de todos los olvidados a quién no hace tanto se les consideraba como de otro mundo.

Nan

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About Hernán Cortés Saenz

Nacido un frío diciembre de 1982 en Barcelona, hijo de padre colombiano y madre catalana, mi nombre es Hernán. Resido en un pequeño pueblo de la Costa Daurada con un encanto espectacular y a orillas del Mare Nostrum. Soy licenciado en Ciencias Políticas por la Universitat Autònoma de Barcelona, y estoy especializado en Relaciones Internacionales, cursando un Doctorado sobre la materia. He trabajado como Policy & Executive Officer en UBUNTU - Foro Mundial de Redes de la Sociedad Civil analizando temas relacionados con el sector financiero, alimentación, gobernanza mundial y desarrollo. Actualmente estoy en Nueva York (EUA) como investigador asociado con la Initiative for Policy Dialogue de la Universidad de Columbia y la Friedrich-Ebert-Stiftung investigando sobre las protestas globales acontecidas como respuesta a la crisis y las medidas de austeridad.

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